Tengo que admitir que la idea, al principio, impresiona… y hasta da un poco de miedo. Flock Safety, proveedor de cámaras de vigilancia ya implementadas en más de 4.000 ciudades estadounidenses, asegura que su nuevo software de IA no solo escanea matrículas, sino que también analiza maniobras sutiles al conducir: cómo acelera, toma curvas o incluso aparca. Estos datos se almacenan en una enorme base de datos y se cruzan con perfiles sospechosos. En teoría, la policía podría identificar delincuentes incluso antes de conocer sus nombres o rostros.
La tecnología aprende y mejora con el tiempo —similar a Netflix—, pero en lugar de analizar tus gustos cinematográficos, estudia tu comportamiento al volante. Flock Safety se muestra optimista: afirma que las primeras pruebas han sido prometedoras. Sin embargo, aquí surge el problema: los algoritmos son secretos. No es de extrañar que defensores de la privacidad, como la EFF (Electronic Frontier Foundation), hayan saltado las alarmas. "Si la policía puede vigilar vehículos solo por sus patrones de movimiento, sin sospecha concreta, esto derivará rápidamente en vigilancia masiva", advierte la organización de derechos civiles. Y no les falta razón: el riesgo de que una "investigación penal eficiente" se convierta en un "control automatizado generalizado" es re
al.
Desde el punto de vista legal, en EE.UU. la situación es un caos. Algunos estados ya usan OS Investigate, mientras que otros debaten si cumple con la Cuarta Enmienda —que prohíbe registros e incautaciones irrazonables—. En Portland, Oregón, hay incluso una demanda en curso contra Flock Safety, ya que los ciudadanos temen que se vulnere su derecho a la privacidad. En Europa, las normas serían mucho más estrictas: bajo el RGPD (Reglamento General de Protección de Datos), un sistema así probablemente no sería legal. Pero, ¿cuánto tardarán estas tecnologías en llegar también aquí?
El debate no es nuevo. Hoy en día, fuerzas policiales en todo el mundo ya emplean reconocimiento facial, predictive policing (policía predictiva) y otros sistemas de IA para predecir delitos. La pregunta siempre es la misma: ¿dónde termina la labor legítima de investigación y dónde comienza la vigilancia de todos? Flock Safety insiste en que su herramienta solo se usa dentro de investigaciones concretas. Pero la historia demuestra que las tecnologías tienden a expandirse: lo que hoy se emplea para crímenes graves, mañana podría ser estándar incluso en infracciones de tráfico.
Me pregunto: ¿cuánta vigilancia estamos dispuestos a aceptar para sentirnos más seguros? Claro, si ayuda a resolver robos o robos de coches más rápido, suena bien. Pero, ¿dónde trazamos el límite? ¿Y quién vigila que no se crucen esas líneas?
Una cosa es segura: el avance no se detiene. OS Investigate es solo el principio. La sociedad debe decidir cuánto de esto quiere —y, sobre todo, qué está dispuesta a ceder—. De lo contrario, lo que comenzó como una idea de policía inteligente podría convertirse en un instrumento de vigilancia que nos capture a todos. Y eso sería, sin duda, demasiado.
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