El mundo de las criptomonedas vuelve a mirar con atención hacia Washington, y no solo por los habituales debates en Twitter. Mark Connors, estratega experimentado y experto en inversiones en bonos con una visión aguda de los movimientos del mercado, ha lanzado una teoría que podría electrificar tanto a los operadores bursátiles como a los entusiastas de Bitcoin: los recompra rutinarios de bonos soberanos de EE.UU. no solo podrían inundar los mercados de liquidez, sino también impulsar el precio de Bitcoin hasta un nuevo récord de hasta 180.000 dólares. Sí, lo has leído bien. Y no, no es una broma del 1 de abril… o al menos no necesariamente.
¿Qué tienen que ver los bonos soberanos con Bitcoin?
Connors, que ejerce como Chief Strategist en la firma canadiense de criptomonedas 3iQ, argumenta que el gobierno de EE.UU. lleva meses inyectando liquidez en los mercados mediante los recompra de bonos. Y donde fluye mucho dinero, los inversores buscan alternativas con mayor rentabilidad, especialmente cuando activos tradicionales como los bonos soberanos pierden atractivo por la inflación y los bajos tipos de interés.
“Imagina que tienes una cartera que durante años te ha dado rendimientos estables, pero exiguos”, explica Connors. “De repente, el gobierno inunda el mercado con capital fresco. Todos empiezan a buscar opciones para hacer que su dinero trabaje por ellos, y Bitcoin es uno de los pocos activos que, en este escenario, se vuelve realmente ‘sexy’”. Su teoría no es descabellada: tras la crisis financiera de 2008, cuando la Reserva Federal aplicó el Quantitative Easing para inundar los mercados, Bitcoin experimentó su primer gran auge. Un patrón que, según Connors, podría repetirse.
800.000 millones de dólares: ¿y hacia dónde irán?
Solo en 2023, el gobierno de EE.UU. destinó más de 800.000 millones de dólares a recompra de bonos soberanos. Aunque esta cifra no es enorme en comparación con el volumen total del mercado de Bitcoin (alrededor de 1,2 billones de dólares), sí es significativa. Connors señala que históricamente, estas medidas han aumentado la disposición al riesgo en los inversores, lo que indirectamente ha impulsado el precio de activos volátiles como Bitcoin.
“Bitcoin es como un turbo para la especulación”, comenta con una sonrisa. “Cuando la liquidez aumenta y los inversores salen en busca de rendimientos, parte de ese dinero termina llegando aquí tarde o temprano”. La idea gana aún más fuerza si se tiene en cuenta que Bitcoin se considera el “oro digital”, es decir, un medio de reserva de valor en tiempos de alta inflación. “Cuando los bonos tradicionales dejan de ofrecer rentabilidad, Bitcoin se convierte en la alternativa lógica”, afirma Connors.
180.000
dólares: ¿sueño o realidad?
Una cotización objetivo de 180.000 dólares puede parecer ciencia ficción, especialmente cuando el máximo histórico de Bitcoin ronda los 69.000 dólares. Sin embargo, Connors apela a paralelos históricos: entre 2016 y 2021, Bitcoin pasó de unos 400 dólares a 69.000, un aumento de más del 17.000%. Por tanto, un escenario similar no es descartable.
Además, Bitcoin hoy cumple un rol distinto al de hace pocos años. Inversores institucionales como BlackRock o Fidelity destinan miles de millones a fondos cotizados (ETFs) de Bitcoin, y países como El Salvador lo reconocen incluso como moneda de curso legal. “La infraestructura es más estable hoy, el nivel de aceptación es mayor; esto hace que Bitcoin sea más atractivo para los grandes actores”, señala Connors.
Pero… ¿qué podría salir mal?
Por supuesto, una proyección como esta no está exenta de riesgos. Los críticos advierten que Bitcoin sigue siendo extremadamente dependiente de factores macroeconómicos: un aumento repentino de los tipos de interés por parte de la Fed, una regulación más estricta en EE.UU. o la UE, o un fallo técnico como el colapso de FTX en 2022 podrían frenar la subida en seco.
Y luego está la inflación en sí misma: aunque Bitcoin podría beneficiarse de ella, si la Fed se ve obligada a endurecer su política monetaria con más fuerza, podría desencadenar una corrección en el mercado. Connors es consciente de estos riesgos: “Bitcoin sigue siendo una clase de activo de alta volatilidad. Quien invierta en él, no debe hacerlo con los ojos vendados”.
Conclusión: un escenario emocionante, pero con precaución
La teoría de Connors es fascinante y encaja en un panorama que se observa en los mercados desde hace meses: los límites entre la política financiera tradicional y las criptomonedas se desdibujan cada vez más. Si el gobierno estadounidense sigue inyectando liquidez a gran escala en los mercados, Bitcoin podría realmente entrar en una nueva fase alcista.
Pero, como siempre con Bitcoin, hay que recordar que “el lúpulo y la malta se pierden”: el mundo cripto es impredecible, y hasta los análisis más sólidos pueden venirse abajo por un tuit o una decisión inesperada de un banco central.
No obstante, vale la pena tener en cuenta la proyección de Connors. Si la historia se repite y Bitcoin vuelve a emerger como el gran beneficiario de políticas monetarias expansivas, los próximos meses podrían marcar el inicio de una nueva y espectacular carrera alcista. La pregunta ya no es si ocurrirá, sino cuándo. Y quizá estemos al borde de uno de los años más emocionantes para las criptomonedas en mucho tiempo. Así que: ojos bien abiertos, carteras bien sujetas… y no inviertas más de lo que puedas permitirte perder.
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