Un equipo internacional de investigación, en el que participan el Financial Times, ha destapado cómo una red rusa de desinformación utilizó ChatGPT para construir toda una red de expertos inventados. La estrategia consistió en crear una supuesta think tank llamada D.C. Weekly, que difundía propaganda pro-rusa mediante artículos que, a primera vista, parecían rigurosos. Lo más alarmante: los textos resultaban convincentes gracias a la IA, que les daba un brillo académico.
De perfiles falsos a invitados en eventos
Imagínese estar en un debate y escuchar a un "profesor de Harvard" argumentar que, en realidad, Ucrania es el agresor. Lo que quizás no sepa es que detrás de ese perfil no hay nadie real: es un personaje ficticio creado con ChatGPT. Así funcionó. Los responsables de la red no solo generaron perfiles falsos en LinkedIn y Twitter, sino que incluso invitaron a estos "expertos" a conferencias o entrevistas, siempre con el objetivo de difundir su narrativa.
Lo más perverso era su método: mezclaban plagios de textos conocidos con fragmentos generados por IA. La inteligencia artificial se encargaba de pulir el lenguaje para darle un tono científico, mientras los operadores del engaño marcaban la dirección ideológica. Un caldo de cultivo perfecto para quienes están dispuestos a propagar sin verificar estas "opiniones de expertos".
ChatGPT como herramienta de propaganda
Las autoridades encontraron regis
tros de conversaciones con ChatGPT en las que se instruía a la IA para escribir artículos con un encargo claro: "Escribe un texto sobre la incitación bélica occidental, pero como si fuera un profesor de Harvard". El resultado era un artículo que, superficialmente, parecía riguroso y serio, pero que en realidad era pura propaganda. ChatGPT no tiene opiniones; solo moldea el relato deseado, y lo hace con una perfección que engaña fácilmente a los no expertos.
¿Quién está detrás y por qué?
Aunque no hay pruebas concluyentes de su vinculación directa con el Estado ruso, las pistas son contundentes. Expertos del Atlantic Council y del equipo de la EU Digital Services Act Taskforce señalan que tácticas similares ya se han usado en campañas anteriores, como la influencia en elecciones o la difusión de desinformación durante la guerra en Ucrania. El método es simple pero efectivo: si incluso las fuentes que parecen serias pierden credibilidad, el debate público se resiente.
¿Qué podemos hacer?
Las redes sociales intentan bloquear estas redes, y la UE estudia normas más estrictas para contenidos generados por IA. Sin embargo, como siempre, la tecnología por sí sola no basta. La alfabetización mediática se convierte en una cuestión de supervivencia. Debemos aprender a cuestionar las fuentes, no solo porque proliferan los expertos falsos, sino porque las próximas falsificaciones podrían ser aún más difíciles de detectar.
Este caso es una llamada de atención. No solo para gobiernos o gigantes tecnológicos, sino para cada uno de nosotros. Si incluso los cimientos de la opinión pública pueden socavarse con IA y engaños deliberados, lo que está en juego no es menos que nuestra democracia. Y defenderla no es trabajo de máquinas, sino de personas.
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