Pero, ¿quién es Moody’s en realidad? La mayoría conoce el nombre, pero, ¿qué hacen exactamente? Moody’s es como el promedio de notas en el mundo de las finanzas. Estados y empresas acuden a ellos para que evalúen su solvencia crediticia, y los inversores confían en esas calificaciones. En tiempos inciertos como los actuales, donde las crisis asoman en todas partes, contar con una institución confiable de este tipo se vuelve aún más valioso. Y parece que JPMorgan ha captado este valor.
Lo que más me interesa es que, a pesar de esta base de negocio tan sólida, Moody’s sigue considerándose infravalorada. La acción ha subido en los últimos meses, sí, pero según JPMorgan, aún está muy por debajo de su "valor real". En particular, métricas clásicas como el PER (precio-beneficio) o el P/BV (precio-valor en libros) están por debajo de su promedio histórico. Y luego está el tema del flujo de caja: Moody’s genera ingresos estables, tiene un balance robusto y podría mantenerse a flote incluso en aguas económicas turbulentas. Suena casi demasiado bueno para ser cierto, ¿verdad?
Pero —y ahí está lo bonito del mercado— incluso un Bill Ackman no acierta siempre al 100%. Moody’s ya ha recibido su ración de golpes en el pasado, como durante la crisis financiera de 2008, cuando sus calificaciones para los subprime se criticaron por ser demasiado optimistas. Y la competencia no duerme: S&P y Fitch presion
an los márgenes, y los proveedores de datos alternativos están complicando la vida de las agencias de calificación tradicionales.
Aun así, cuando un inversor como Ackman se posiciona, siempre envía una señal. El hombre, con su Pershing Square Capital, ya ha demostrado en más de una ocasión tener un olfato excepcional para detectar empresas infravaloradas: pensemos tan solo en Chipotle, que tras su entrada se revalorizó notablemente. Quizá vea en Moody’s un potencial similar, o incluso una oportunidad de reestructuración estratégica o de adquisición.
¿Qué significa esto para nosotros, los inversores? Por un lado, hay que tener claro que Moody’s no es una acción típica de "apostar fuerte". Es estable, pero no un sprint, sino más bien una maratón. Quien esté dispuesto a pensar a largo plazo y a aguantar incluso alguna sequía temporal podría encontrar aquí una oportunidad interesante. Es probable que haya fluctuaciones a corto plazo, especialmente si la psicología del mercado se tuerce otra vez.
Desde mi punto de vista personal, este caso es un buen ejemplo de que, a la hora de elegir acciones, no siempre hay que fijarse en los nombres más glamurosos. Moody’s puede que no sea una empresa tech llamativa, pero a veces son precisamente estos actores veteranos y sólidos los que, con el tiempo, ofrecen las mejores rentabilidades. Y cuando, además, un inversor como Ackman apuesta en la misma dirección, el tema se vuelve aún más atractivo, ¿no creen?
Conclusión: Moody’s podría ser, en efecto, una ganga —siempre que se crea en la estabilidad a largo plazo de su modelo de negocio y se esté dispuesto a acompañar a la empresa con un poco de paciencia—. Quien piense así, podría encontrar aquí una posición realmente rentable. Y quién sabe… quizá Moody’s tenga aún un gran salto de precio por delante.
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